Vida en la granja

San Juan de las Abadesas
“Me propusieron la dirección de una granja que habían incautado en San Juan de las Abadesas (Gerona).”

Un antiguo amigo dirigente de la Unión General de Trabajadores me sugirió que fuera a ver a personas que dirigían granjas avícolas en la región. Descubrí con alegría que varios de ellos eran antiguos compañeros de la Real Escuela de Avicultura.

Pedí el ingreso en el sindicato y fuí admitido sin problemas. Poco después me propusieron la dirección de una granja que habían incautado en San Juan de las Abadesas (Gerona). Acepté con gran satisfacción ya que estaba lejos de Barcelona y a solo treinta kilómetros de la frontera con Francia.

La guerra civil había dispersado a toda mi familia, de manera que no tenía que despedirme de nadie.

Al llegar, a nadie pareció importarle que yo careciera de los adecuados documentos de identidad.

Cruzar a Francia

Era una vida muy fácil: vivía en una fonda, cobraba mi sueldo cada mes y el trabajo no exigía grandes esfuerzos ya que había que ocuparse de menos de mil aves.

Todas las tardes iba caminando hasta Ripoll y regresaba también a pie. Unos veinte kilómetros que me servían de entrenamiento ya que mi proyecto era cruzar la frontera. Un domingo fui aún más lejos y realicé una excursión de sesenta kilómetros.

Sin embargo, poco después una expedición bastante numerosa que intentaba cruzar la frontera fue interceptada. Hubo muertos, heridos y detenidos y la guardia fronteriza fue reforzada.

Me dio miedo cruzar la frontera.

La granja no iba bien y las relaciones con los concejales se fueron agriando por lo que presenté mi dimisión.

Estaba decidido a cambiar de bando porque pensaba ingenuamente que una vez que me hubiese pasado a los nacionales me dejarían vivir mi propia vida.