Araceli González, una cómplice decisiva

Araceli González
Araceli González

Araceli González Carballo nació en Lugo en 1914. En 1938 conoció a Juan Pujol en Burgos, con quién se casó en Madrid, tras el final de la guerra.

Una vez declarada la guerra europea, fueron cómplices en el proyecto de establecer contacto con las fuerzas aliadas para ofrecerles información contra los nazis. La participación de Araceli fue decisiva en algunos contactos con agentes alemanes y fundamental con los británicos y con los norteamericanos. Primero desde Madrid; después, desde Lisboa.

En los momentos decisivos en los que parecían aumentar los riesgos y se agrandaban las dudas de que pudieran cumplir sus objetivos, la audacia de Araceli garantizó la confianza de los aliados. En noviembre de 1941, Araceli y Juan se encontraban ante una encrucijada: estaban en Lisboa, desde donde él enviaba sus informaciones engañosas a los nazis, haciéndoles creer que vivía en Inglaterra. Toda la tarea podría darse por perdida y aún peor, podían ser descubiertos si continuaba su trabajo sin la cobertura de los aliados.

Necesitaban el contacto y el apoyo de los británicos, que rechazaron en reiteradas entrevistas los servicios que Juan les ofrecía.

Una iniciativa fundamental

Cuando todas las puertas parecen cerradas –incluso llegaron a hacer planes para viajar a Brasil— es Araceli la que tomó la iniciativa de presentarse en la embajada norteamericana de Lisboa y perseverar hasta que consiguió ser escuchada y creída. Para entonces, el MI5 ya tenía noticia de la existencia de un informador para los alemanes llamado Alaric que necesitaban localizar. Araceli fue quien les dio pruebas de que el hombre al que buscaban era su marido y no estaba en Londres sino allí mismo, en Lisboa.

Araceli contacta con la embajada de EEUU en Lisboa
Extracto de la ficha KV-2-4190 de los Archivos Nacionales británicos que dice que Araceli fue quien contactó con el asistente del agregado naval de la embajada de Estados Unidos en Lisboa.

Para continuar, su trabajo ahora ya bajo las órdenes del MI5, primero Juan viajó a Londres y poco después lo hizo Araceli con su hijo Juan y embarazada de Jorge, que nacería en agosto de 1942.

Londres

La vida de Araceli en el Londres bombardeado, ausente de responsabilidades respecto a la tarea que les había llevado allí, obligada a mantenerse aislada y separada de su marido la mayor parte del tiempo, le resultó extremadamente difícil. Tanto que reclamó, sin éxito, que se le permitiera volver con sus hijos a España.

Próximo ya el final de la guerra, les convenció, con la intermediación del propio Churchill, para que le permitieran viajar de vuelta a Lugo y reencontrarse con su madre y hermanos.

Venezuela

Con la victoria aliada, España ya no era para ellos un lugar seguro. Consideraron entonces la posibilidad de trasladarse a varios destinos latinoamericanos para establecerse y reconstruir su vida juntos. Al final, se decidieron por Venezuela, a donde viajaron a finales de 1945.

En 1948, tres meses después del nacimiento de su hija María Eugenia, Araceli dejó Venezuela para siempre y regresó en barco a España con sus tres hijos.

Viajó primero a Lugo y más tarde a Madrid, donde se instaló.

Madrid

En 1957 contrajo matrimonio con Edward Kreisler, empresario norteamericano, con quien fundó, en Madrid, la Galería de Arte Kreisler, en 1966.

Mantuvo durante más de tres décadas, frente a su entorno y frente a sus hijos, un silencio rotundo y leal sobre quién era Juan Pujol y su historia en común. A través de aquel olvido impuesto, imbuyó a sus hijos la creencia, sin nombrarlo, de que Juan Pujol no estaba vivo; su nombre en muy escasas ocasiones se mencionó en la casa familiar.

Reencuentro

En 1984, Garbo, apareció en todos los diarios británicos y españoles y en distintas cadenas de televisión europeas, presentado como un héroe de la Segunda Guerra Mundial. El príncipe Felipe de Edimburgo, en la conmemoración del 40 aniversario del desembarco de Normandía, homenajeaba públicamente a Joan Pujol, Garbo. Así salió del anonimato, del mutismo en el que se había refugiado desde el final de la contienda mundial.

La noticia causó una profunda sorpresa y conmoción en el seno familiar de Araceli, en un primer momento. Pocas semanas después, ella misma convocaría a toda su familia en su casa de Madrid, a una reunión en la que compartieron la alegría del momento y Juan pudo abrazar de nuevo a sus hijos e hija y conocer a su nieto y a sus nietas. Edward Kreisler participó también en aquel recibimiento.

En Madrid, el 6 de marzo de 1990 murió tras un derrame cerebral. Está enterrada en el cementerio Sacramental de San Isidro de Madrid.