Clandestino

Bombardeo en Barcelona
Bombardeos sobre Barcelona.

Durante el año siguiente viví en una sórdida

callejuela del casco antiguo de Barcelona, cerca del puerto, en el apartamento de un taxista, con su mujer y un hijo.

Pasados unos meses se marcharon y me quedé absolutamente solo, pero como los vecinos creían que el apartamento estaba vacío no podía moverme, ya que cualquier ruido me delataría.

Tres veces por semana una chica me llevaba comida, el resto del tiempo lo pasaba en una quietud total, angustiado por el temor a ser descubierto.

En esta situación tan penosa me sentía tan deprimido y aislado que perdí veinte kilos. Tenía el aspecto de un anciano decrépito, aunque solo tenía veinticinco años.

A medida que me iba debilitando, me desesperaba cada vez más y comprendí que no podría soportar aquello mucho más.

Finalmente la chica que me traía la comida logró obtener falsos documentos de identidad en los que constaba una edad que me eximía del servicio militar.