Testimonio de Jorge Kreisler

Jorge Kreisler

¿Qué sentiste al enterarte quién era tu padre y de su labor durante la II Guerra mundial?

El recuerdo que yo tenía de mi padre hasta ese momento era muy difuso. Nací en Londres en 1942, mientras mi padre desarrollaba su labor de espionaje como agente para el Mi5. De aquella época tengo un recuerdo borroso de juegos en un parque con praderas muy verdes al que mi madre nos llevaba a mi hermano Juan y a mí.

En el 45, con la edad de tres años, al término de la guerra, dejamos Inglaterra para establecernos en Venezuela, en Caracas. De esa etapa recuerdo que mi padre nos llevaba a menudo de excursión en coche a conocer sitios nuevos o a pasar el día en la playa. También guardo su imagen en Navidades descolgándose desde una terraza interior de la casa disfrazado de Papa Noel con un saco lleno de regalos. De ese período el sentimiento que guardo de él es de un padre cariñoso y cercano.

Vuelvo a España en el 48, con mi madre, mi hermano Juan y mi hermana María que entonces era un bebé. Mi padre se queda en Caracas. Durante tres o cuatro años nos manda postales de vez en cuando, postales que reproducen modelos de coches americanos. En un momento dado mi madre nos comunica que mi padre le ha pedido el divorcio, lo tramitaron a través de México y a partir de ese momento no volví a saber nada de él hasta el año 84.

Es decir estuve más de 30 años sin tener ninguna noticia suya, sin saber siquiera si estaba vivo. Eso me creó un sentimiento de abandono, de que se había olvidado de nosotros.

Y de repente la sorpresa, la llamada de mi hermano que estaba oyendo una entrevista de Luis del Olmo a un tal Juan Pujol, que por lo visto era un espía famoso de la II Guerra Mundial y que le parecía por los datos que daba, que podía ser nuestro padre.

Mi madre, que obviamente conocía con todo detalle las actividades de mi padre como agente doble, nunca nos había contado nada, por eso el estupor y la incredulidad fue total.

De repente mi padre reaparecía en mi vida convertido en un héroe, protagonizando artículos en todos los periódicos nacionales y extranjeros que narraban sus hazañas y su intervención decisiva para el éxito del desembarco de Normandía. En ese año, 1984, se conmemoraban los 40 años del desembarco. Inglaterra y Francia le rindieron homenajes por su labor.

Contactamos con él y nos citamos en el Hotel Majestic de Barcelona, me acompañaban mis hermanos Juan y María. El encuentro fue muy emocionante. Me pareció una persona muy inteligente. Después nos vimos tres veces más, hasta su muerte cuatro años después.

Me llena de orgullo saber que mi padre tuvo una contribución decisiva en el triunfo de las tropas aliadas, su labor salvó muchas vidas. Lo que hizo revela una gran inteligencia, una gran valentía y un idealismo admirable. Vivió en peligro no solamente durante su labor de espionaje, sino hasta el fin de sus días, por las posibles represalias de los nazis que se sintieron traicionados por el espía en el que más confiaban.