Nace Garbo

Bovril se convierte en Garbo.
C. B. Mills informa a W.H. Blyth que el agente Bovril pasa a llamarse Garbo.

Mi primer recuerdo de Inglaterra –en aquel sereno y despejado día de abril de 1942, mientras bajaba la escalerilla del avión– es el de un frío enorme (frio por fuera, y en el interior un terror helado).

Al final de la escalerilla me aguardaban dos funcionarios de MI5, que se harían cargo de mi destino. El que se presentó como mister Grey no hablaba una sola palabra de castellano; no le dije nada, en mi incorrecto inglés. El otro, Tomás Harris, hablaba el castellano a la perfección.

Al día siguiente le pregunté a Tommy Harris si podía acompañarme a comprar ropa de abrigo, pero tuve que esperar. Primero fui sometido a un interrogatorio largo y detallado. Mister Grey dirigía el examen cruzado y Harris hacía de intérprete.

No es que mi inglés fuera rudimentario, es que era casi inexistente. Por lo tanto me sugirieron que sería prioritario tomar algunas clases. Sin embargo pensé que era mucho más importante establecer contacto de inmediato con los alemanes, enviándoles información realmente útil, ya que había pasado varias semanas en silencio.

Tres días después, una vez consultados diversos departamentos del MI5, enviamos a la Abwehr una jugosa carta en la que –por primera vez– se incluía información real sobre Inglaterra.

Tommy Harris

Apenas obtuve el respaldo necesario, Tommy Harris y yo nos concentramos en el diseño de un programa de acción a corto y a largo plazo.

Desde el primer momento había yo apreciado mucho a Tommy Harris, no solo por la firmeza con que me había estrechado la mano, sino también porque había colocado su brazo encima de mis hombros, en un gesto de protección y amistad. Pronto empezamos a hacernos confidencias, y yo siempre confié plenamente en él, sin verme nunca desengañado.

Inventamos juntos el personaje de Garbo, creación que a ambos nos produjo una gran diversión.

Alguien ha dicho que Garbo sin Harris o Harris sin Garbo habrían sido impensables, ya que los dos resultaban recíprocamente imprescindibles para la labor que debían realizar.