La red Garbo

Juan Pujol no ha escrito acerca de los detalles de su actividad como uno de los contadísimos agentes dobles que llegó a tener Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial –en ningún momento fueron más de diecinueve–, sin embargo los conocemos, al menos en parte, por el relato de Tommy Harris, con quien trabajaba, y por otros autores que investigaron sobre el tema.

Al principio el nombre clave de Juan Pujol fue Bovril, por un popular concentrado de carne, pero pronto fue rebautizado como Garbo por considerarlo el mejor actor del mundo.

Juan Pujol había comenzado a crear su propia red de agentes secretos imaginarios en Lisboa. Empezó por un piloto de KLM, le siguió otro que reemplazaba al primero cuando era necesario y fue añadiendo otros tres que operaban en toda Inglaterra con base en Glasgow, Liverpool y la región occidental.

Con la ayuda de Tommy Harris y el MI5, el servicio de inteligencia británico para el que trabajaba, la red fue creciendo, adquiriendo mayor cobertura y brindando más información.

Red de espías de Garbo
Los 27 agentes imaginarios de Garbo.

Diferentes ocupaciones y nacionalidades

La primera creación de esta colaboración fue el agente J(3) que ocupaba un importante cargo en el Ministerio de Información y sobre el que informó a los alemanes por primera vez el 16 de mayo de 1942.

Le siguió Chamillus, un camarero gibraltareño que trabajaba en una dependencia militar secreta y era manifiestamente antibritánico debido a que, como el resto de la población civil, había sido evacuado del Peñón.

La red de Garbo llegó a tener veintisiete agentes totalmente imaginarios pero completamente creíbles para los alemanes.

Los había de distintas nacionalidades (ingleses, galeses, americanos, indios) y con distintas ocupaciones en Gran Bretaña, Canadá y Asia.

Vida y muerte

Para que fueran creíbles sus creadores a menudo informaban sobre su vida, carácter, ideología y personalidad, mientras que en otras ocasiones, según les interesaba, apenas si ofrecían información.

Llegaron a matar a alguno de sus agentes y a publicar el anuncio de su funeral en un periódico, incluyendo el detalle de pedir que no se enviaran flores. La historia funcionó tan bien que los alemanes enviaron un dinero para su viuda que, eventualmente también fue incorporada a la imaginaria red.

Así gracias a esta red completamente falsa e inexistente Garbo se ganó la confianza absoluta de los alemanes.