Internado

Mi primera comunión.
Mi primera comunión.

Al cumplir los siete años mi madre decidió enviarme a un conocido internado de Mataró –a unos 30 kilómetros de Barcelona– dirigido por los hermanos maristas. Mi hermano vino conmigo para ocuparse de mí y que no sintiera nostalgia del hogar.

El colegio se llamaba Valldemia y lo recuerdo muy bien. Sus aulas eran espaciosas, tenía amplios jardines y campos de deporte, y la educación era de un estilo marcadamente francés, cosa lógica ya que la mayoría de los hermanos procedía de Francia.

Allí pasé interno cuatro años interminables en los que solo iba a casa durante las vacaciones de Navidad, de Semana Santa y de verano. El resto del año solo se nos permitía salir los domingos si algún pariente venía a visitarnos.

Y eso fue lo que hizo mi padre durante cuatro largos años. No faltó un solo domingo. Llegaba en tren a primera hora de la mañana y nos llevaba a dar largos paseos por la playa, para acabar en algún restaurante. Por la tarde nos compraba tartas y dulces para llevar al colegio. Mientras estábamos juntos nos contaba cuentos, nos daba consejos y nos alentaba en nuestros estudios.