Espía nazi

A principios de la primavera de 1941 regresé a Madrid y fui a hospedarme a una pequeña pensión de la Gran Vía. Más entusiasmado que nunca, me hallaba dispuesto para la acción. Telefoneé a Federico y concertamos un encuentro en el café Negresco.

Me inventé una larga historia acerca de una transacción con los hermanos Zulueta que deseaba comprar pesetas a cambio de escudos portugueses. Mezclando mentiras y verdades, le expliqué a Federico que el interés principal que para mí había tenido la transacción consistía en ir a Lisboa para inscribirme allí como residente, y obtener un visado en calidad de tal, cosas ambas que ya había logrado.

Empezamos a hablar de la posibilidad de pasar a residir en Gran Bretaña, y le dije que para mí sería muy fácil y que lo único que necesitaba era un motivo para estar allí, por ejemplo un empleo como corresponsal de una revista o periódico español.

Aceptó estudiar mi sugerencia. Mantuvimos unas cinco entrevistas en las que se evidenciaba que me sería muy difícil trabajar como corresponsal en Gran Bretaña ya que la mayoría de los medios contaba con personal acreditado en Londres, ya que era un sitio clave.

Misión especial

Como me sentía ansioso por acelerar las cosas y concluir nuestro trato, le dije a Federico que tenía que mostrarle un documento importante. Nos hallábamos sentados en un café, por lo que –fingiendo una extrema cautela– deslicé un trozo de papel fuera de mi bolsillo y se lo entregué por debajo de la mesa.

Era uno de los papeles que mandé a imprimir en Lisboa, que ahora estaba cumplimentado a mi nombre, y en el que se me asignaba el encargo diplomático de viajar a Londres en misión especial al servicio del departamento administrativo del agregado comercial de la embajada.

Dejé que Federico le echase una rápida ojeada, le pedí que mantuviese mi misión en secreto y le comuniqué que esperaba salir de viaje en menos de diez días.

Federico picó el anzuelo y se tragó toda la historia. Me trajo una botella de tinta invisible, varios códigos secretos, la suma de tres mil dólares y me instruyó acerca del tipo de informes que esperaba que le enviase.