Convoy imaginario

Convoy durante la Segunda Guerra Mundial
Un convoy imaginario que se parecía mucho a la realidad.

Desde Portugal, aunque ellos creían que estaba en Inglaterra, envié tres mensajes a los alemanes. Me esforcé mucho por introducir gradualmente nuevas informaciones, y fui muy cauteloso al mencionar los nuevos contactos que había reclutado como ayudantes.

En el primer mensaje les dije que había encontrado tres personas que me proporcionarían información de manera continuada, y a los que había convertido en subagentes: uno en Glasgow, otro en Liverpool y otro en las zonas rurales del oeste.

La ingenuidad con que les explicaba los hechos que decía haber descubierto probablemente contribuyó a convencerlos de que yo estaba de veras en Londres.

En el segundo mensaje comuniqué que me habían ofrecido un empleo en la BBC y que estaba a punto de aceptarlo. También dije haber oído que la Armada estaba realizando maniobras de desembarco en el lago Windermere, y describí con detalle cómo me había enfrentado con una serie de obstáculos.

Un golpe de suerte

El tercer mensaje –todo inventado, igual que los demás– provocó un enorme impacto, aunque fue mucho más tarde cuando me enteré del revuelo que causó en el servicio secreto británico.

En esa carta dije que un convoy de cinco navíos había zarpado de Liverpool rumbo a Malta, información que había obtenido gracias a un marinero.

Lo extraordinario fue que, en efecto, un convoy británico había partido desde Liverpool con dirección a Malta, aunque ni la fecha ni la cantidad de buques coincidían exactamente con mi mensaje.

La coincidencia fue lo suficientemente grande como para que los ingleses pensasen que había un agente alemán sin controlar en Gran Bretaña.

Esto preocupó en gran manera a los británicos, sobre todo cuando se confirmó que los alemanes habían efectuado un reconocimiento aéreo de la proyectada ruta desde Liverpool, y del puerto maltés de La Valleta.

¿Quién era ese agente? ¿De dónde obtenía toda esa información que ponía en peligro a la seguridad británica?

Los británicos me buscaban febrilmente.

Todo esto parece un cuento de hadas pero fue este tercer mensaje el que llevó a los británicos a aceptarme, y el que me permitió convertirme al mismo tiempo en el superespía alemán Arabel y en el contraespía Garbo, del MI5.