Contacto americano

Mientras estuve en Portugal, solo recibí un mensaje procedente de la Abwehr –la inteligencia militar alemana–: me pedían informes más detallados y consistentes sobre los acantonamientos de tropas y sus movimientos. Esto me hizo pensar que mis mensajes en clave no eran tan buenos ni tan coherentes como se esperaba.

La farsa tocaba a su fin.

Además de los riesgos que entrañaba mi permanencia en Lisboa, me sentía muy preocupado porque no sabía qué hacer o decir para seguir funcionando con eficacia.

Jamás había estado en Inglaterra, y mis conocimientos de la lengua inglesa eran superficiales.

¿Y qué decir de mis conocimientos militares?

No tenía la menor idea sobre cómo estaba organizado un ejército extranjero, y ni siquiera conocía la estructura militar británica.

El último intento

Decidí abandonar por completo la operación y desaparecer incluso del territorio europeo. Sin embargo, antes de hacerlo pensé que tenía que efectuar un último intento y jugármelo todo a una sola carta.

Estados Unidos acababa de entrar en guerra contra Alemania, Italia y Japón, así que fui a su embajada en Lisboa.

La suerte me sonrió: me entrevisté con el teniente Demorest en la oficina del agregado naval. Me descargué con él, hablándole de mi intento de entrar en contacto con los británicos en Madrid, el rechazo de estos, y a continuación mi decisión –tomada por amor propio– de lograr alguna información práctica y útil que captase su interés, vengase mi humillación y me hiciera importante ante sus ojos.

De este modo ellos creerían que el motivo de mis acciones no era otro que el deseo de defender la democracia.

Describí con brevedad mis contactos con los alemanes, y comenté que me habían entregado tinta invisible, un libro de claves y dinero. Hablé de mi viaje a Portugal, mi segundo intento de entrar en contacto con los británicos a través de la embajada en Lisboa, su segundo rechazo, mi voluntad de presionar a través de un trabajo ya comenzado y, por último, mi desesperado intento final al ir a verle.

Si esto fracasaba, todo lo que había hecho hasta entonces no serviría para nada.

Araceli va a la embajada americana
Este documento de los Archivos Nacionales británicos indica que fue Araceli quien se presentó en la embajada de los Estados Unidos.